Un jefe indígena en la etapa más difícil de la insurgencia
Miguel León-Portilla identifica a Pedro Ascencio Alquisiras como tlahuica y sitúa su nacimiento hacia 1778 en Acuitlapán, en el actual estado de Guerrero. Ascencio combatió junto a Vicente Guerrero y mantuvo la lucha cuando muchos núcleos insurgentes habían sido derrotados. La historiografía registra distintas grafías de su nombre —Ascencio o Asencio; Alquisiras, Alquisira o Alquiciras—, una variación que debe considerarse al buscarlo en catálogos y expedientes.
Su fuerza no dependía solamente de las armas. Antes y durante la guerra conoció los pueblos mineros, los caminos de montaña y las redes de intercambio del sur. Estudios regionales lo relacionan con el rescate de minerales y la arriería: actividades que requerían reconocer rutas, negociar con trabajadores y comerciantes y desplazarse entre reales de minas. Esa experiencia ayuda a explicar la movilidad y capacidad de sorpresa de sus guerrillas.

Zacualpan deja de ser sólo una plaza militar
La historia municipal relata que, después de la proclamación del Plan de Iguala, las autoridades y tropas realistas de Zacualpan atravesaron una rápida transformación. El ayuntamiento desobedeció al intendente, sectores de la guarnición se pronunciaron por la independencia y la región quedó bajo la presión política y militar de Ascencio. El 12 de marzo de 1821 el jefe insurgente fijó su cuartel general en el Real de Zacualpan; un intento realista de sorprenderlo esa madrugada fracasó.
Instalar un cuartel implicaba más que alojar soldados. Desde Zacualpan se recibían informes, se organizaban movimientos, se negociaba con autoridades y se tomaban decisiones sobre poblaciones que cambiaban de bando. La tradición municipal considera aquel momento el primer gobierno insurgente del pueblo y vincula a Ascencio con el origen de su ayuntamiento independiente.
Las cartas enviadas desde Zacualpan
La investigación de Warren Johnson, publicada en la revista Tzintzun, identifica varias cartas de Pedro Ascencio a Agustín de Iturbide escritas desde Zacualpan. Cita comunicaciones del 6, 28 y 30 de abril y del 24 de mayo de 1821. También registra una carta fechada en Zacualpan y Tonatico el 7 de mayo. Los documentos forman parte del acervo histórico de la Secretaría de la Defensa Nacional.
Estas cartas muestran a Ascencio con su propia voz política. El estudio académico señala que discutía movimientos de tropas, la actitud de autoridades y vecinos y su relación con el proyecto de Iturbide. La correspondencia permite matizar una imagen reducida al guerrillero: también fue un negociador que evaluaba riesgos, lealtades y recursos.
Una alianza incómoda con Iturbide
Ascencio había combatido y derrotado fuerzas de Iturbide cuando éste servía al gobierno virreinal. La formación del Ejército Trigarante no borró de inmediato esa historia. Las cartas de abril y mayo muestran que la unión independentista fue un proceso de negociación entre actores con experiencias, objetivos y desconfianzas distintas. Estudiarlas desde Zacualpan ayuda a comprender la consumación no como un acuerdo instantáneo, sino como una reorganización disputada del poder.
Mientras avanzaban las adhesiones al Plan de Iguala, Ascencio siguió operando en la región. Murió en combate en Tetecala el 3 de junio de 1821, poco después de abandonar Zacualpan. Su muerte dejó abierta la sucesión del mando local y ocurrió antes de la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México. Por eso, su presencia en el Real pertenece al desenlace de la guerra, pero también a la historia política municipal.
La memoria insurgente de Zacualpan
La estancia de Pedro Ascencio confirma que Zacualpan fue un punto activo de la insurgencia y no únicamente un escenario periférico. Durante aquellos meses, el Real concentró tropas, decisiones políticas y relaciones regionales que influyeron en el desenlace de la guerra.
Su correspondencia devuelve nombres, decisiones y conflictos a esa etapa de la historia municipal. Leída junto con la memoria local, permite reconocer en Zacualpan un espacio de gobierno insurgente y conservar el crédito de quienes resguardaron y transmitieron este legado.



