De una hacienda minera al mundo de la ciencia
Joaquín Luciano Manuel Velázquez Cárdenas de León nació el 12 de junio de 1732 en la hacienda minera de Santiago de Acevedotla, situada en el actual municipio de Zacualpan. Su infancia estuvo marcada por la viruela y por la muerte temprana de su padre; quedó al cuidado de un tío y recibió sus primeras enseñanzas de Manuel Asencio, un sabio indígena que, según el astrónomo Antonio de León y Gama, advirtió muy pronto su talento.

Más tarde estudió jurisprudencia en la Real y Pontificia Universidad de México. Las matemáticas y la astronomía las cultivó en buena medida por cuenta propia, hasta obtener en 1765 la cátedra de astrología. Aquella combinación de leyes, ciencias exactas y experiencia minera le permitió abordar problemas que iban del cielo a las entrañas de la tierra. También dominó el latín, el griego, el francés y el náhuatl, una amplitud intelectual poco común incluso entre los hombres ilustrados de su época.
Mirar el cielo para medir la Tierra
Velázquez acompañó al visitador José de Gálvez en su expedición al noroeste novohispano. Desde California observó el tránsito de Venus del 3 de junio de 1769, un fenómeno que permitía comparar mediciones hechas desde distintos puntos del planeta y mejorar el cálculo de las distancias astronómicas. Después recibió el encargo de elaborar una carta geográfica de Nueva Galicia, Nueva Vizcaya, Sinaloa, Sonora y las Californias.

También realizó la primera triangulación topográfica del Valle de México para estudiar su desagüe. Décadas después, Alexander von Humboldt reconoció la precisión de sus trabajos matemáticos y astronómicos, y aceptó como correcta su determinación de la longitud y la latitud de la Ciudad de México.
Una reforma nacida de los reales mineros
Velázquez conocía de primera mano los problemas de la minería novohispana: explotaciones sometidas a reglas antiguas, dificultades para financiar los trabajos, escasez de especialistas y grandes diferencias técnicas entre los distintos reales. Junto con Juan Lucas de Lassaga reunió quejas, experiencias y propuestas procedentes de varias regiones. El resultado fue la Representación de 1774, dirigida al rey Carlos III y organizada en 78 apartados sobre el estado de la minería de la Nueva España.
La Representación no se limitó a describir una crisis. Propuso organizar a los mineros como un cuerpo con autoridades propias, un tribunal que atendiera los asuntos del ramo, un fondo de avío para apoyar las explotaciones y un colegio capaz de formar técnicos. Velázquez y Lassaga entendían que la producción de metales no podía depender únicamente de la experiencia transmitida en cada mina: requería matemáticas, física, química, mineralogía, dibujo y conocimientos de maquinaria.
Carlos III autorizó en 1776 la creación del Cuerpo de Minería. Al instalarse el Real Tribunal General de Minería en 1777, Joaquín Velázquez fue nombrado director general y Juan Lucas de Lassaga administrador. Desde esa responsabilidad, el zacualpense intervino en la organización jurídica, económica y educativa de una actividad que sostenía buena parte de los ingresos de la Nueva España.
Las Ordenanzas y el proyecto de un colegio
Las Reales Ordenanzas de Minería promulgadas en 1783 retomaron elementos fundamentales del trabajo de Velázquez y Lassaga. Además de regular el Tribunal y las diputaciones mineras, reservaron un lugar para el Real Seminario de Minería. El propósito era formar peritos capaces de medir terrenos y socavones, dirigir obras subterráneas, manejar aguas y ventilación, reconocer minerales y mejorar los procesos metalúrgicos.
El plan original imaginaba una enseñanza articulada. La aritmética, la geometría, la trigonometría y el álgebra servirían para calcular y representar las minas; la hidrostática y la hidráulica permitirían enfrentar inundaciones; la química, la mineralogía y la metalurgia ayudarían a conocer y beneficiar los minerales; el dibujo haría posible comunicar máquinas, edificios y labores subterráneas. En esa unión de teoría y práctica se encuentra uno de los antecedentes directos de la enseñanza de la ingeniería en México.
La relación exacta con el Palacio de Minería
Joaquín Velázquez murió el 7 de marzo de 1786. Por lo tanto, no pudo conocer el edificio actual ni participar en su trazo arquitectónico. Su sucesor al frente del Real Cuerpo de Minería fue Fausto de Elhuyar, bajo cuya dirección el Real Seminario abrió sus puertas el 1 de enero de 1792 en una casa adaptada para la enseñanza.
El predio donde se levantaría el Palacio fue adquirido después, en 1793. El proyecto definitivo se confió a Manuel Tolsá y la construcción se desarrolló entre 1797 y 1813. En 1811, cuando la obra ya permitía utilizar parte de sus espacios, los alumnos y profesores comenzaron a trasladarse al nuevo Colegio de Minería. El edificio monumental fue, así, una culminación material posterior del sistema institucional concebido desde la década de 1770.
La relación de Velázquez con el Palacio no es la de un arquitecto ni la de un ocupante. Es la de un fundador intelectual. Él ayudó a crear el Tribunal que impulsó el colegio, participó en las Ordenanzas que le dieron fundamento y defendió un programa científico para la formación minera. Manuel Tolsá dio forma arquitectónica, años más tarde, a esa aspiración educativa.

La puerta central y las etapas del edificio
La portada principal del Palacio está organizada en tres grandes arcos con portones de herrería. En ellos se colocaron medallones con fechas que recuerdan distintas etapas de la institución. El acceso central que da a Tacuba 5 muestra el año 1967, mientras que uno de los laterales recuerda 1792, fecha de apertura del Real Seminario. La herrería pertenece a la historia posterior del inmueble y ha sido restaurada en distintas ocasiones.

La herrería visible en la fachada no lleva el apellido Velázquez: en el portón central se lee la fecha 1967. Su reconocimiento nominal se conserva dentro del Palacio, especialmente en el retrato histórico exhibido en el Museo Manuel Tolsá. La cartela inferior de esa pintura lo identifica como primer director del Real Tribunal, autor de sus Ordenanzas y promotor del Seminario que se fundó después de su muerte.
Una presencia que también permanece en los libros
La Biblioteca Ing. Antonio M. Anza conserva otra relación material con Velázquez. El sitio oficial del Palacio señala que el fondo original del Real Seminario se formó, entre otras adquisiciones, con libros que habían pertenecido al sabio de Acevedotla. Sus volúmenes pasaron de una biblioteca personal dedicada a las leyes y las ciencias a la colección de una institución creada para enseñar ingeniería.
Con el tiempo, el Real Seminario se transformó en Colegio de Minería y después en Escuela Nacional de Ingenieros, antecedente de la actual Facultad de Ingeniería de la UNAM. El Palacio continúa bajo resguardo universitario y alberga el Museo Manuel Tolsá, el Acervo Histórico, actividades académicas y la Feria Internacional del Libro. En cada una de esas funciones permanece la idea central de Velázquez: reunir conocimiento, formación técnica y servicio público en torno a la minería y la ingeniería.


