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1576: la primera bomba hidráulica novohispana documentada se probó en Zacualpan

Un expediente virreinal describe la prueba de una bomba para desaguar la mina del Cabrestante, en el Real de Tizicapan —hoy Tetzicapan—. El ensayo convirtió a Zacualpan en escenario de uno de los primeros episodios documentados de innovación mecánica en la Nueva España.

El agua: una frontera dentro de la mina

En la minería del siglo XVI, encontrar una veta rica no garantizaba que pudiera explotarse. A medida que los tiros descendían, el agua se filtraba y se acumulaba en el fondo. Si su volumen superaba la capacidad de los trabajadores para sacarla en recipientes, la labor se detenía y una mina productiva podía quedar abandonada. El desagüe era, por ello, uno de los problemas técnicos y económicos más importantes de los reales mineros.

Las minas de Zacualpan estaban entre las explotaciones tempranas de plata de la Nueva España. El Boletín del Archivo General de la Nación publicó en 1936 la transcripción de una merced virreinal que conserva un episodio excepcional: el ensayo de un ingenio para sacar agua en la mina del Cabrestante. Décadas después, Enrique Guadian examinó el documento en la revista Diálogos y lo presentó como la primera bomba hidráulica novohispana conocida por la investigación histórica.

Cristóbal Iranzo, maestro de ingenios

El protagonista fue Cristóbal Iranzo, descrito en el documento como «maestro de ingenios para desaguar minas». Había llegado de los reinos de Castilla con la intención de construir máquinas capaces de trabajar en minas con mucha agua y a cualquier profundidad. Afirmó que su procedimiento era nuevo, poco costoso para los mineros y útil para recuperar explotaciones que ya no podían laborarse.

Iranzo solicitó protección para su invento. Antes de resolver, el virrey Martín Enríquez ordenó que la propuesta se comprobara en las minas de Zacualpa, ante el alcalde mayor y con la presencia de personas conocedoras del oficio. No bastaba presentar un dibujo o describir el mecanismo: era necesario verlo sacar agua de una mina inundada.

El lugar de la prueba: el Real de Tizicapan

El expediente sitúa la experiencia en la mina del Cabrestante, en el Real de Tizicapan de las minas de Zacualpa. La grafía histórica Tizicapan corresponde al actual Tetzicapan. La mina pertenecía a Benito Hernández y Leonardo Fragoso y tenía mucha agua acumulada en su parte más baja. El alcalde mayor asistió acompañado por los mineros Antonio Velázquez y Alonso Gómez, además del escribano público que dio fe del procedimiento.

Esta localización importa porque coloca la innovación fuera de la capital virreinal y dentro de un espacio productivo concreto. Zacualpan y sus reales no fueron únicamente sitios de extracción: también funcionaron como lugares de experimentación, donde una máquina debía responder a la profundidad, humedad y forma particular de una mina.

Cómo estaba construida la bomba

La descripción señala una bomba de dos brazas de largo instalada junto al agua. En su boca se encajaba un cañón de madera, prolongado por otros cañones unidos hasta alcanzar la parte alta de la mina. Sobre la bomba había dos estantes de madera y una viga transversal. Un eje sostenía el mecanismo de movimiento y un brazo de madera llevaba un contrapeso formado por piedras que, en conjunto, pesaban seis arrobas.

El guimbalete —una palanca de vaivén— transmitía la fuerza al cuerpo de la bomba. La organización recuerda las bombas de pistón descritas por Georgius Agricola en De re metallica, publicado en 1556: una palanca mueve el vástago, mientras el peso colocado al otro extremo ayuda al retorno. La ilustración de portada muestra un aparato europeo semejante y sirve para explicar el principio mecánico; no es un retrato de la máquina de Zacualpan, de la cual no se conserva dibujo identificado.

Tres trabajadores pusieron la máquina en movimiento

El mecanismo no era impulsado por una corriente de agua. En este caso, la expresión «bomba hidráulica» significa que elevaba agua mediante un sistema mecánico. El documento registra que tres trabajadores indígenas tiraron del guimbalete para accionar el aparato. Su esfuerzo fue indispensable: la novedad combinaba tubos, válvulas, palanca y contrapeso, pero dependía de trabajo humano coordinado.

El registro permite reconocer una dimensión frecuentemente omitida en la historia de la tecnología. La máquina se atribuyó a su inventor y produjo una recompensa jurídica, mientras quienes aportaron la fuerza aparecen sin nombre. Señalar su participación no resta importancia al diseño; completa la historia social de una innovación realizada en un real de minas novohispano.

Una prueba de media hora

Cuando comenzó el ensayo, el alcalde mayor y los dos mineros subieron a la parte alta para observar la salida. Vieron que por los caños subía mucha agua y que ésta salía fuera de la mina. La operación se mantuvo durante media hora sin interrupción. El testimonio calculó en veinte varas y media la distancia vertical desde el asiento de la bomba hasta la parte superior de los caños.

Los mineros declararon que el aparato producía «mucho efecto» y que era una cosa nueva, nunca vista ni usada y muy provechosa. Esa valoración contemporánea es la base documental para reconocer el ensayo como un hito. No se trata de una leyenda tardía: la afirmación forma parte del procedimiento administrativo que evaluó la máquina.

Página 527 del Boletín del Archivo General de la Nación con la descripción de la bomba probada en Zacualpan
Transcripción del expediente virreinal: describe los cañones de madera, el contrapeso de seis arrobas, la participación de tres trabajadores y la salida continua de agua durante media hora. Boletín del Archivo General de la Nación, 1936, p. 527. Ver fuente

La merced del 15 de febrero de 1576

Después de la experiencia, el virrey otorgó a Cristóbal Iranzo una merced fechada en México el 15 de febrero de 1576. Durante quince años, otras personas no podían emplear aquella invención para desaguar minas sin su consentimiento. Quien la utilizara debía pagarle veinticinco marcos de plata quintada por cada mina beneficiada.

La protección abarcó también otras soluciones nuevas que Iranzo ideara para distintos tipos de minas. No era una patente en el sentido jurídico actual, pero cumplía una función comparable: reconocía al inventor, establecía un periodo de exclusividad y fijaba una compensación por el uso de la tecnología. Al mismo tiempo, el gobierno esperaba recuperar minas inundadas y aumentar la producción sujeta a los derechos de la Corona.

Lo que el documento prueba y lo que permanece abierto

La fuente permite afirmar que la bomba fue ensayada con éxito en la mina del Cabrestante, dentro del Real de Tizicapan de Zacualpan; identifica al inventor, propietarios, testigos, trabajadores y autoridad; describe elementos del mecanismo; y registra el privilegio concedido. No informa dónde estuvo exactamente la boca de la mina en relación con el paisaje actual ni demuestra que sobrevivan piezas del aparato.

Tampoco debe confundirse esta máquina manual con las bombas movidas por vapor o grandes ruedas hidráulicas que transformarían la minería en siglos posteriores. Su importancia reside en otra escala: fue una respuesta mecánica temprana, comprobada ante autoridades y adaptada a un problema real de las minas zacualpenses.

Tetzicapan en la historia de la tecnología

La prueba amplía la manera de entender el patrimonio minero del municipio. A las vetas, haciendas, caminos y oficios se suma un acontecimiento de innovación técnica. En 1576, el Real de Tizicapan fue el laboratorio donde una propuesta traída de Castilla tuvo que demostrar, frente a mineros locales, que podía vencer el agua acumulada bajo tierra.

Ubicación
Zacualpan, Estado de México

Enlaces relacionados

Boletín del Archivo General de la Nación: merced a Cristóbal Iranzo, 1576 Enrique Guadian: La primera bomba hidráulica novohispana Georgius Agricola: De re metallica, libro VI Atlas de Riesgos de Zacualpan: antecedentes de la mina del Cabrestante