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Un expediente de 1605 revela la presencia afrodescendiente en el Zacualpan minero

La historia de Pedro Hernández, un joven mulato libre nacido en el Real de Zacualpan, permite observar familias, trabajadores, caminos y relaciones sociales que casi nunca aparecen en las crónicas tradicionales.

La vida que aparece detrás de un juicio

Los expedientes judiciales coloniales fueron escritos para acusar, interrogar y sancionar, no para contarnos de manera neutral la vida cotidiana. Aun así, conservan nombres, edades, parentescos, oficios, prendas, salarios, recorridos y conversaciones de personas que dejaron pocas huellas en otros archivos. El caso de Pedro Hernández permite acercarse a un sector fundamental y frecuentemente invisibilizado del Zacualpan minero: africanos, afrodescendientes y personas clasificadas entonces como negras o mulatas.

El análisis utilizado para este artículo fue publicado en 2021 por José Antonio González Gómez. Su base principal es el expediente 2 del volumen 276 del ramo Inquisición del Archivo General de la Nación, fechado entre 1605 y 1606. El investigador no se limita a repetir las acusaciones: reconstruye relaciones laborales y familiares y emplea un enfoque de redes sociales para preguntar quién conectaba con quién y qué intereses podían existir detrás de los testimonios.

Pedro Hernández: natural de las minas de Zacualpan

La documentación describe a Pedro Hernández como mulato libre, natural de las minas de Zacualpan y de 22 años en 1605. Habría nacido hacia 1583. Su padre fue un hombre negro criollo esclavizado por un empresario minero y su madre una mujer indígena originaria de Santa Ana Ixtlahuatzingo, cerca de Tenancingo. Pedro creció en la casa de los hermanos Sánchez, vinculados con minas y haciendas de beneficio de la región.

Desde niño sirvió como paje y alrededor de los quince años comenzó a trabajar en minas pertenecientes a Juan Sánchez de Gamboa. La investigación propone que desempeñó tareas de confianza, supervisión y mensajería. Para 1605 estaba casado con Juana Luisa, mujer indígena natural de las minas de Zacualpan, y tenían una hija de aproximadamente dos años. Estos datos permiten verlo como trabajador y miembro de una familia, no únicamente como acusado.

Mapa de la región de Zacualpan, Sultepec, Temascaltepec y Taxco en el estudio histórico
La investigación sitúa a Zacualpan dentro de un espacio minero conectado con Taxco, Sultepec y Temascaltepec. Mapa reproducido del estudio de González Gómez. Ver fuente

Una movilidad mayor de la que solemos imaginar

Entre su adolescencia y los 22 años, Pedro se desplazó a caballo entre Zacualpan, Taxco, minas, haciendas y cuadrillas. El estudio también encuentra viajes hacia Toluca, Taximaroa y la Ciudad de México. Transportar mensajes, pedidos o información lo colocaba entre espacios y grupos diferentes. Esos trayectos recuerdan que el Real de Zacualpan no estaba aislado: formaba parte de corredores comerciales, laborales y políticos.

Su salario declarado era de un peso semanal, además de comida y adelantos. Sin embargo, la fuente registra una deuda considerable con su patrón, incluido el valor de una mula perdida. La libertad jurídica coexistía así con dependencias económicas y relaciones de patronazgo. La vida social colonial no puede entenderse sólo con etiquetas raciales: también importaban la deuda, el oficio, el acceso a caballos, la cercanía con un empresario y la capacidad de circular información.

Personas africanas y afrodescendientes en las minas

El estudio señala que los registros parroquiales zacualpenses de los siglos XVII y XVIII incluyen bautismos, matrimonios y defunciones de personas esclavizadas negras, mulatas y otras calidades del sistema colonial de castas. En la jurisdicción vivían trabajadores libres y esclavizados en minas, haciendas de beneficio y cuadrillas. La presencia afrodescendiente no fue una anécdota marginal: formó parte del trabajo y de la sociedad regional.

Esquema de estratificación social colonial utilizado en el estudio
El esquema sintetiza una sociedad jerárquica. Debe leerse como modelo analítico del autor, no como retrato exacto de cada relación individual. Ver fuente

Una red entre familias mineras y cuadrillas

A partir de las declaraciones, González Gómez elaboró sociogramas. En ellos Pedro aparece conectado con empresarios mineros, trabajadores libres y personas esclavizadas de distintas cuadrillas. El autor interpreta que actuaba como intermediario: una persona capaz de llevar información, gestionar intercambios y enlazar grupos que no tenían acceso directo entre sí. Esta lectura ayuda a explicar por qué un joven de posición subordinada podía ser útil y, al mismo tiempo, incómodo para distintos intereses.

Diagramas de la red social propuesta para Pedro Hernández
Sociogramas propuestos por el investigador. Pedro Hernández aparece como punto de enlace entre familias mineras, trabajadores y habitantes de una cuadrilla. Ver fuente

Leer el expediente sin repetir sus prejuicios

El proceso se originó en acusaciones religiosas propias de la cultura inquisitorial. Reproducirlas como hechos convertiría el lenguaje de los denunciantes en verdad histórica y reduciría a Pedro a una narración sensacionalista. Es más útil preguntar qué tensiones laborales, deudas, rivalidades y jerarquías hicieron posible la denuncia. El propio estudio propone una explicación social y política alternativa a la lectura exclusivamente sobrenatural.

La causa avanzó de forma irregular y la documentación deja preguntas abiertas. Esa incompletud obliga a distinguir hechos asentados, testimonios interesados e interpretaciones modernas. También muestra por qué los archivos requieren comparación con registros parroquiales, notariales, mineros y administrativos. Una sola voz rara vez cuenta toda la historia.

Una memoria local más amplia

Incorporar a Pedro Hernández a la divulgación histórica no significa convertirlo en héroe sin matices. Significa reconocer que el pasado de Zacualpan fue construido por indígenas, españoles, africanos, afrodescendientes y personas de múltiples orígenes y condiciones. Sus trabajos, familias y desplazamientos dieron vida a las minas y haciendas tanto como las decisiones de los propietarios cuyos nombres suelen ocupar las crónicas.

El expediente de 1605 ofrece algo raro: detalles de una vida joven que atravesó caminos, hogares y espacios de trabajo. Leído críticamente, permite devolver humanidad a quienes el orden colonial clasificó por “calidad” y condición jurídica. También abre una tarea futura: buscar en los libros parroquiales y otros fondos más nombres e historias de la población afrodescendiente zacualpense.

Ubicación
Zacualpan, Estado de México

Enlaces relacionados

Estudio completo de José Antonio González Gómez PDF del artículo: El mulato Pedro Hernández en el Zacualpan del siglo XVII Archivo General de la Nación: consulta de fondos