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Los cerros que guardan la memoria: el paisaje arqueológico de Zacualpan

Cuevillas, Cuecillos, Cerros Cuates, Teocaltzingo, Ixtayotla y Momoxtle forman un inventario de lugares con memoria prehispánica que todavía exige investigación y protección.

Un territorio donde la arqueología todavía está dispersa

La historia prehispánica de Zacualpan no se concentra en una gran zona arqueológica abierta al público. Permanece distribuida en cerros, laderas, nombres de lugar, terrazas, caminos y relatos comunitarios. La página municipal de atractivos turísticos enumera el Cerro de Cuevillas en Ayotuxco, el Cerro de Cuecillos cerca de la cabecera, los Cerros Cuates, restos de una estructura piramidal en Teocaltzingo, el paraje conocido como Pueblo Indio en Ixtayotla, el Cerro de Chichihualtepec en Agua Dulce, la cumbre del Cerro de la Tentación y el Cerro del Momoxtle en Coloxtitlán.

La lista es una pista importante, no un catálogo arqueológico definitivo. No se localizaron fichas públicas del INAH que describan excavaciones, cronologías, polígonos de protección o condiciones de visita para cada uno de esos lugares. Por ello este artículo utiliza expresiones como paraje con vestigios reportados, sitio mencionado por la fuente municipal o paisaje de interés arqueológico. Llamarlos a todos “zonas arqueológicas” podría hacer creer que están investigados, señalizados y abiertos, cuando esa condición no está confirmada.

Por qué los cerros eran lugares estratégicos

Las elevaciones ofrecen ventajas que ayudan a comprender la distribución de antiguos asentamientos. Desde una cumbre o un espolón se vigilan pasos, barrancas y tierras cultivables; las pendientes pueden facilitar la defensa; ciertos puntos reciben mejor ventilación y permiten observar señales a distancia. También existen razones religiosas y simbólicas: en Mesoamérica los cerros estaban relacionados con agua, nubes, antepasados y fuerzas tutelares. Una misma elevación podía ser mirador, límite territorial, santuario y referencia para los caminos.

El inventario geológico del municipio describe un relieve especialmente accidentado dentro de la Sierra Madre del Sur. Menciona el Cerro de la Tentación, con 2,710 metros sobre el nivel del mar; el Cerro Coronas, con 2,540; Gama de la Paz, con 2,340; el Cerro del Campamento, con 2,300, y Piedra Parada, con 1,950. Estas alturas no prueban ocupación arqueológica, pero muestran el escenario en el que las comunidades antiguas eligieron dónde habitar, cultivar, circular y defenderse.

Panorámica boscosa del Cerro Coronas en el municipio de Zacualpan
Cerro Coronas, una de las elevaciones más altas del municipio. La imagen documenta el paisaje; no afirma por sí misma la existencia de estructuras arqueológicas. Consejo de Recursos Minerales, 2004. Ver fuente

Cuevillas, Cuecillos y Momoxtle: nombres que invitan a preguntar

Los nombres Cerro de Cuevillas y Cerro de Cuecillos pueden aludir a pequeñas cavidades, montículos o formas del terreno reconocidas por las comunidades. En distintas regiones de México, la palabra cuecillo se utilizó para designar montículos antiguos, aunque su empleo local debe documentarse antes de darlo por equivalente a una pirámide. Del mismo modo, Momoxtle recuerda la palabra náhuatl momoztli, relacionada en vocabularios históricos con altar, adoratorio o plataforma. La semejanza lingüística es sugerente, pero necesita acompañarse de testimonios, mapas y revisión arqueológica.

Los topónimos funcionan como archivos orales. Pueden conservar la memoria de una forma del paisaje o de un uso desaparecido, pero también cambiar de significado con el tiempo. La investigación responsable comienza preguntando a habitantes y autoridades cómo nombran el sitio, dónde se encuentra exactamente y qué relatos existen; después compara esa información con documentos históricos y observación profesional.

Teocaltzingo y la memoria de una construcción

La fuente municipal menciona “restos de la pirámide de Teocaltzingo”. El propio nombre del pueblo remite a teocalli, casa o templo de una deidad, con una terminación diminutiva o reverencial. Esa combinación vuelve plausible una memoria asociada con arquitectura ceremonial, pero no permite fecharla ni reconstruir su forma. Para hacerlo serían necesarios levantamientos topográficos, análisis de materiales de superficie y, sólo con autorización, excavaciones estratigráficas.

Además, muchas construcciones indígenas fueron reutilizadas después de la conquista. Sus piedras pudieron incorporarse a viviendas, caminos, terrazas o edificios religiosos; otras estructuras quedaron cubiertas por vegetación y erosión. La ausencia de una pirámide visible no equivale a ausencia de historia, del mismo modo que un amontonamiento de piedras no debe identificarse automáticamente como templo.

Ixtayotla y el paraje llamado Pueblo Indio

El nombre Pueblo Indio, registrado para Ixtayotla, sugiere que generaciones posteriores reconocieron allí señales de un asentamiento indígena anterior. Este tipo de denominación puede originarse en muros, fragmentos cerámicos, terrazas o relatos heredados. La comunidad también aparece en estudios del medio físico por sus corrientes y manantiales. Agua, suelo aprovechable y comunicación con otros poblados son factores que suelen influir en la elección de un asentamiento.

La ubicación de los recursos hídricos ayuda a leer el territorio. El inventario municipal sitúa a Zacualpan dentro de la región hidrológica del Balsas y describe microcuencas alimentadas por manantiales y arroyos. Entre sus corrientes menciona Ixtayotla, Mamatla, Ayotuxco y otros nombres que coinciden con comunidades de larga historia. Los cauces eran fuentes de agua, pero también corredores que guiaban caminos y delimitaban espacios agrícolas.

Mapa del Estado de México con Zacualpan destacado junto al límite de Guerrero
Localización de Zacualpan en el extremo sur del Estado de México. Su proximidad con Guerrero ayuda a entender su carácter de corredor y frontera cultural. Consejo de Recursos Minerales, 2004. Ver fuente

Cerros Cuates, Chichihualtepec y la Tentación

Cerros Cuates describe visualmente dos elevaciones próximas o semejantes. Chichihualtepec contiene el elemento tepetl, cerro, y podría relacionarse con una forma semejante a un pecho o con otros sentidos locales de chichihual. El Cerro de la Tentación, por su parte, conserva un nombre español posterior, pero su gran altura y dominio visual explican por qué pudo ser una referencia territorial mucho antes de recibirlo. Cada caso merece una ficha propia con nombre tradicional, coordenadas resguardadas, propiedad, fotografías históricas y descripción del entorno.

Publicar coordenadas exactas o imágenes de piezas sueltas puede facilitar saqueos. Un inventario cultural destinado al público debe mostrar el paisaje y explicar su importancia sin revelar información sensible. Las ubicaciones precisas pueden conservarse en un registro técnico accesible a autoridades comunitarias y especialistas.

Cómo se estudia un sitio sin destruirlo

La arqueología moderna no comienza abriendo zanjas. Primero reúne cartografía, fotografías aéreas, imágenes satelitales, documentos y testimonios. Después realiza recorridos sistemáticos para registrar terrazas, muros, concentraciones de material y modificaciones del relieve. La topografía con GPS o drones puede producir modelos tridimensionales; la geofísica permite detectar anomalías bajo el suelo. Sólo cuando existe una pregunta clara y los permisos correspondientes se excava una porción limitada.

El contexto es más importante que una pieza aislada. Un fragmento cerámico puede ayudar a fechar una ocupación si se registra el lugar, la capa y su relación con otros materiales. Retirarlo para guardarlo en una casa elimina información y puede constituir una afectación al patrimonio arqueológico nacional. La mejor colaboración ciudadana consiste en no mover nada, tomar fotografías generales, anotar el lugar de manera privada y avisar a las autoridades competentes.

Una ruta de investigación, no una ruta turística improvisada

Los ocho lugares mencionados forman la base de un proyecto municipal de investigación y conservación. El primer paso sería verificar nombres y localizaciones con cada comunidad; el segundo, solicitar una valoración profesional; el tercero, definir qué información puede difundirse. Sólo después podría pensarse en senderos interpretativos, miradores o visitas acompañadas en aquellos sitios donde la propiedad, la seguridad y la conservación lo permitan.

Mientras ese trabajo se realiza, el paisaje puede divulgarse sin prometer acceso. Las fotografías panorámicas, mapas generales y relatos comunitarios permiten enseñar que Zacualpan tiene una profundidad histórica todavía poco estudiada. La ausencia de edificios restaurados no es una carencia: es una invitación a investigar antes de intervenir.

Ubicación
Zacualpan, Estado de México

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